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Hay que parar con el maltrato a los adultos mayores

528d350f41237  500Aunque no lo parezca, el maltrato a los adultos mayores por parte de cuidadores o familiares es un hecho común y habitual que se expresa en distintas formas: por abandono, agresiones físicas y verbales, indiferencia y hasta el aprovechamiento de sus escasos recursos jubilatorios.

La Secretaría de la Tercera Edad, de la que soy responsable en la ciudad de Buenos Aires, considera este destrato hacia los adultos mayores un problema central que se debe abordar desde varios ángulos institucionales.

Sin embargo, en primer término es conveniente advertir al grupo familiar más cercano al adulto mayor para que contribuya en principio con una mejor calidad de vida mediante la sana comprensión de que la edad avanzada de las personas requiere en algunos casos no solo atención médica sino paciencia, amor y generosidad diaria y permanente de parte del cuidador.

El maltrato más conocido es el de la desatención acerca de la atención médica y la ingesta de medicamentos apropiados para su enfermedad. La vulnerabilidad en la que los sume una enfermedad que los disminuye en sus capacidades, no se parece a ninguna otra en que cae un ser humano durante sus etapas de máxima actividad.

Esa vulnerabilidad genera en el adulto mayor una dependencia excesiva con la familia o el cuidador, pero no es particularmente grata para el enfermo, especialmente para aquellos acostumbrado a manejarse durante sus años activos por sus propios medios. Ninguna persona está exenta de quedar presa de esa situación.

Muchos familiares llegan a un punto límite de tolerancia y abandonan a su suerte al enfermo, despreocupándose de sus necesidades, o recurren a un cuidador ocasional sin conocimientos sacándose el tema de encima. No es la solución.

El maltrato físico es uno de los peores cuando se aplica a una persona mayor, sana o enferma. Cualquier acción, golpes, empujones, que causen lesiones o dolor circunstancial es inadmisible y debe ser denunciado en la ciudad de Buenos Aires al 0800-666-8537. La prolongación de esa situación es pasible de una denuncia penal en contra del agresor, previa separación del adulto mayor del grupo familiar o de su cuidador.

La Secretaría de la Tercera Edad porteña aplica en estos casos su programa "Proteger", que desarrolla nuestra Dirección General de Protección de Derechos e Inclusión de los adultos mayores, para los cuales existe un refugio de acceso oculto para su protección.

El maltrato emocional y verbal tiene tanto o más efectos que el físico, porque horada la autoestima, debilita las defensas del adulto mayor y lo sume en la depresión. Las peores reacciones de un cuidador, sea familiar o contratado, llevan a usar el grito, la amenaza, la burla o la indiferencia como castigo perverso, cuando no llegan a negarle los medicamentos diarios.

El abuso sobre los recursos económicos de los mayores, generalmente exiguos, se ha vuelto una práctica habitual por parte de hijos y hasta de los nietos, quienes llegan al extremo de subestimar la capacidad de conocimiento de los manejos financieros remplazándolos mediante poder para la extracción de fondos sin su consentimiento.

Desde el punto de vista médico es necesario destacar que, si bien se ha avanzado enormemente sobre la atención gerontológica, no se tienen en cuenta las prevenciones sexuales en la edad avanzada, como es el control sobre el HIV, ignorado y no sugerido por los facultativos.

La gama del maltrato a los adultos mayores es amplia, tanto que no puede dejar de considerarse la ausencia de consideración en los trámites que realizan en oficinas públicas o privadas, en los medios de transporte todavía no adaptados para el ascenso y descenso de esta franja etaria, en la atención prioritaria que requieren en sus obras sociales o prepagas, y hasta en los medios de comunicación donde las publicidades les hacen poco honor.

Fuente: http://www.mdzol.com/