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Teresa Martínez: "La ACP propone que los servicios se ajusten a las personas, y no al revés"

teresa martinez 700 30Teresa Martínez imparte en Pamplona el “Curso de Atención Centrada en la persona en los servicios gerontológicos. Bases y aplicación y el rol del psicólogo/a”.

Coincidiendo con la celebración, el sábado 1 de octubre, del Día Internacional de las Personas Mayores, el Colegio de Psicología de Navarra ha preparado un curso de formación sobre la Atención centrada en la persona en los servicios gerontológicos que ha tenido una gran acogida, ya que las plazas previstas para estas sesiones se concedieron en pocos días. Antes de la celebración del curso, hemos hablado con la ponente, Teresa Martínez, psicóloga, doctora en Ciencias de la Salud y diplomada en Gerontología Social, para que nos hable de lo que va a analizar en el curso.

¿Qué se entiende por atención centrada en las personas en los servicios gerontológicos?
La atención centrada en la persona (ACP) es un enfoque que pretende orientar y mejorar la calidad de los servicios. En la atención a personas mayores que requieren cuidados ya tiene un recorrido de varias décadas en otros países (Person-Centered Care) tanto en el campo de la salud como de los servicios sociales. Es reconocido por prestigiosos organismos internacionales como la OMS y por sociedades científicas como un eje clave en la mejora de la calidad de los servicios sanitarios y de los cuidados de larga duración. Parte del reconocimiento de la singularidad y la dignidad de las personas mayores y, por tanto, del respeto hacia su forma de ser, sus valores y su proyecto de vida, incluso cuando hay una demencia avanzada. La promoción de la autonomía, entendida como toma de decisiones sobre la propia vida, es nuclear en este enfoque profesional, y por tanto, la atención debe ser personalizada y el respeto al modo de vida y preferencias individuales garantizado.

¿Qué objetivo prioritario tiene la ACP?
La idea fundamental es lograr que los servicios se ajusten a las personas y no que las personas tengan que adaptarse con carácter general a lo que la organización del servicio dicta. Se busca avanzar en servicios flexibles que sintonicen con los modos de vida y deseos de las personas reconociendo el derecho a la autodeterminación. Sin por ello renunciar a las prácticas basadas en el conocimiento científico. No basta con atender las necesidades básicas asistenciales, se trata de fijarse en las capacidades, de buscar apoyos para mejorar la calidad de vida en los aspectos cotidianos, muchas veces cosas sencillas pero importantísimas para la persona.

¿Qué cree que debe cambiar para mejorar esta atención?
La ACP propone una forma diferente de entender la calidad de los servicios de atención a las personas mayores que necesitan cuidados. En otros países se han referido a este movimiento como un cambio cultural en el concepto de cuidado a las personas mayores. Ello implica cambios en distintos niveles: en la visión de la persona mayor, en el concepto de calidad de los servicios y también en las prácticas profesionales y en las normas y sistemas organizativos. Algunos autores hablan de un cambio de paradigma en salud y en los cuidados de larga duración.

Sin duda un aspecto clave es la flexibilidad de los servicios y de los profesionales, la organización debe supeditarse a las personas y ofrecer de verdad atención personalizada. Por ejemplo lograr que las normas (en horarios, en actividades, en decisiones que hay que tomar ante ciertas situaciones...) no conduzcan a que las personas tengan siempre que someterse a la institución o a lo que prescriba el profesional. Todo ello requiere una nueva mentalidad que parta de una visión de las personas mayores como portadores de derechos y donde los profesionales pasan de ser prescriptores a convertirse en acompañantes y prestadores de apoyos para cada persona. Todo un reto hoy día en los servicios gerontológicos españoles.

Las residencias y centros de personas con mayores, ¿cómo acogen estos nuevos modelos?
Las propuestas de la Atención Centrada en la Persona, en sus enunciados, habitualmente son bien acogidas. ¿Quién no va a aceptar la protección de la dignidad y los derechos o la promoción de la autonomía y el bienestar de las personas? La dificultad estriba en que en muchas ocasiones pensamos que “esto ya lo hacemos” y en la práctica cotidiana lo declarativo queda en simples enunciados o intenciones sin verse concretado en la práctica. Para ello resulta imprescindible chequear el día a día. Hacernos algunas preguntas, como por ejemplo: ¿las personas puedan decidir a qué hora levantarse, qué hacer durante el día, con quién estar o no estar...? ¿pueden renunciar a las indicaciones profesionales una vez que han sido debidamente informadas? ¿se protege suficientemente su privacidad, incluso en el caso de personas con demencia? ¿se respetan las particularidades y preferencias de cada individuo o se tiende a uniformizar la atención según sus patologías o estado mental?

El reto está en trasladar todo esto al cuidado de cada persona, en hacerlo realidad ya que no pocas veces lo que en teoría aceptamos y afirmamos hacer choca y sale perdiendo cuando se ponen en juego otras cuestiones (la primacía de la seguridad, las prescripciones profesionales, el “siempre se hizo así” o la comodidad organizativa...).

¿Cuáles son las principales dificultades a la hora de aplicarlo?
En la aplicación de estos modelos es habitual que surjan temores y resistencias, ya que esta apuesta implica creencia y esfuerzo, especialmente en los servicios que vienen de formas de hacer paternalistas (donde se decide por el bien de las personas sin contar con ellas) o exclusivamente centradas en cuestiones laborales u organizativas. La buena noticia es que los estudios realizados muestran que los equipos profesionales, familias y personas mayores que avanzan en estos modelos están mucho más satisfechos y relatan los beneficios de cuidar y ser cuidados desde un marco de atención centrada en la persona. No es nada extraño, ya que es la forma en que casi todos querríamos ser cuidados llegado el caso. Ser cuidados sin perder la identidad y el control sobre la propia vida.

¿Hay diferencias entre las comunidades autónomas a la hora de acoger estos nuevos modelos?
En España, comparándonos con otros países desarrollados (países nórdicos y centroeuropeos, Reino Unido, Norteamérica, Canadá o Australia) estamos tan solo iniciando un proceso de cambio. En algunos servicios y centros, tanto en el ámbito público y privado, ya se está apostando por avanzar hacia la ACP. Algunas comunidades autónomas, como el País Vasco, Castilla León o Cataluña tienen en marcha iniciativas novedosas que están señalando una nueva etapa, aunque todavía queda mucho camino. También hay que destacar que entidades privadas en distintos lugares están iniciando proyectos de cambio. La acogida diríamos que es buena, pero hay que avanzar, hacerla realidad, evaluar y generar conocimiento desde nuestra propia realidad.

¿Cuál es el principal factor para que los centros de mayores decidan si aplican o no estos modelos?
La ACP conlleva una transformación de gran calado y por tanto el proceso debe estar liderado por los responsables de los servicios, públicos o privados. Los profesionales deben comprometerse ya que es un modelo que exige alta implicación de éstos, pero han de contar con apoyos (formación, ratios suficientes, supervisión). Si su esfuerzo no está liderado y no se ve apoyado desde la organización, habitualmente queda en logros limitados, en buenas prácticas bien intencionadas pero aisladas y con alto riesgo de que con el tiempo se extingan.

Por ejemplo, en el caso de las residencias, algunos estudios han señalado que cuando se pregunta a profesionales y responsables por la calidad de sus servicios residenciales, a la par de afirmar dispensar atención de calidad, paradójicamente contestan que no les gustaría llegar a tener que vivir y ser atendidos allí. Asumir la necesidad de mejora de la realidad actual es un paso necesario previo para el cambio. Sin dejar de reconocer que hemos avanzando en muchos aspectos (instalaciones, prácticas más profesionales) es fundamental poner el foco ahora en objetivos que prioricen la calidad de vida y especialmente en todo aquello que atañe al respeto de la individualidad y al control de la propia vida, cuestiones que habían quedado algo olvidadas.

Cada vez hay mayor evidencia de los beneficios de estos modelos de atención. Beneficios no solo para las personas mayores (vinculados sobre todo a ganancias en calidad de vida) sino también en los profesionales (mayor satisfacción laboral, menos estrés y reducción del burnout). Ello redunda en beneficios obviamente para las organizaciones y entidades (mayor satisfacción, menos conflictos, mayor índice de ocupación, menos absentismo laboral...) y esto lógicamente se convierte en un factor impulsor de primer orden en el cambio.

¿Cómo se puede evaluar la aplicación de unas nuevas estrategias en la atención al mayor?
Es necesario incorporar una nueva mirada en la evaluación de la calidad asistencial. No solo sirve contemplar condiciones materiales y funcionales o registrar indicadores asistenciales vinculados a objetivos clínicos o de seguridad. Es imprescindible contemplar resultados vinculados a dimensiones de calidad de vida como el bienestar subjetivo o la autodeterminación, algo hasta ahora poco presente en las mediciones de calidad. Para ello se recomienda combinar tipos de evaluación: observación, opinión de las personas e indicadores que permitan medir el progreso en los distintos componentes de la ACP. Los indicadores de calidad asistencial tradicionales vinculados a objetivos clínicos/ terapéuticos y de seguridad (por ejemplo: escaras, nutrición, caídas, seguridad, nivel cognitivo y funcional...) claro que son importantes y no debemos renunciar a ellos, pero no son los únicos. Yo diría que quedan cortos cuando hablamos del bienestar y de la felicidad en la vida cotidiana de las personas.

¿Cuáles son los principales aspectos que puede mejorar el psicólogo si aplicara las nuevas estrategias que planteáis?
Los y las psicólogos/as pueden ser recursos clave en la dinamización e impulso de estos nuevos modelos en los servicios. Este es uno de los objetivos del curso que imparto en este colegio profesional de Navarra: reflexionar sobre el rol y cometidos clave de los psicólogos/as como impulsores de un cambio de modelo en la atención gerontológica. El psicólogo, una vez formado en estos modelos, puede convertirse en un referente muy relevante en los centros y para resto de profesionales, siempre desarrollado un trabajo en equipo. Desde la aproximación psicosocial en gerontología se vienen defiendo desde hace décadas estas propuestas, en realidad los postulados de la ACP no son algo nuevo, son algo ya conocido pero que en el ámbito aplicado se estaba ignorando. Las personas mayores no son enfermos. Pueden tener patologías y discapacidades, pero también capacidades y potencialidades, singularidades y derechos. Empoderar a las personas usuarias y a los profesionales es un objetivo claro de las propuestas de la psicología. Los conocimientos del psicólogo/a en aspectos organizacionales y ambientales son también de gran interés para apoyar procesos de cambio en los centros y servicios.

Fuente: http://www.colpsinavarra.org/