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La historia de los adultos mayores que tienen que trabajar para sobrevivir en Nicaragua

 

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Realizando labores agrícolas, vendiendo cocos, ropa, chinelas de hule, frutas, refrescos o chicharrón, carne y chorizo o reparando llantas, adultos mayores sortean la falta de pensión de jubilado o una pensión que no da para pagar sus necesidades. La dura vida de estos nicaragüenses pone en evidencia la precariedad con la que sobreviven las personas de la tercera edad.

Vende cocos para ajustar pensión de 3,000 córdobas

A sus 67 años, Jerónimo José Flores Velásquez, continúa recorriendo las calles principales de la ciudad de Rivas, vendiendo cocos de agua. Con la ganancia, este hombre logra ajustar para cubrir los gastos mensuales de su hogar porque su pensión de jubilado es de 3,000 córdobas y no le alcanza para subsistir.

En un triciclo, Flores lleva una hielera con cocos pelados, listos para abrirse y colocarles una pajilla para que el cliente disfrute de su agua dulce. Según Flores, él vende entre cuarenta y cincuenta cocos por día, lo suficiente para obtener algo de ganancia.

Originario de Monimbó, Masaya, Flores Velásquez llegó a Rivas cuando tenía siete años. Vive en el barrio de Popoyuapa con su esposa y dos nietos. El primer triciclo lo compró en los años 90 y el mismo negocio le dio para comprar el segundo triciclo, el que usa ahora.

Flores explica que cuando tenía 25 años comenzó a vender cocos. “Eran los tiempos del general Somoza, yo echaba los cocos en un carretón de mano y así salía a las calles. Yo trabajaba y en mis tiempos libres salía a vender cocos, y yo mismo subía a los palos de coco y los cortaba, pero ya cuando cumplí 50 años no volví a subir a esos palos y ahora el coco me lo llevan cortado a mi casa”, cuenta.

Por problemas en su rodilla derecha le tocó estar cuatro meses inactivo, sin embargo, cuenta que gracias a su fe en Dios volvió a caminar por las calles rivenses donde deja escuchar su pregón: “Agua de cocoooo, agua de cocoooo”.

 

Amado Vásquez Martínez, un agricultor residente en el barrio Sor María Romero, al sur de la ciudad de Matagalpa, cumplió 70 años, pero sigue trabajando por su cuenta “al machete”, alquila una parcela o trabaja a medias con dueños de tierras para cultivar granos básicos y sostener a su familia. “Gracias a Dios tengo salud y puedo seguir trabajando, aunque a esta edad mía ya nadie le da trabajo a uno”, dice.

Vásquez duplica la edad de su esposa, quien permanece en casa atendiendo a los hijos de 18, 12 y 8 años, quienes estudian y “tengo que trabajar porque ellos cuatro están bajo mi cargo”.

“Le trabajé al Estado bastante tiempo, administrando fincas cuando estaba joven”, dice Vásquez, indicando que al realizar trámites ante el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) y obtener una pensión reducida, supo que solo tenía 370 semanas cotizadas.

Hace tres años obtuvo la pensión por la que recibe un poco más de dos mil córdobas mensuales y que considera insuficientes para sostener a su familia.

Según el anuario estadístico del INSS 2016, unos 42,946 nicaragüenses reciben pensiones reducidas por no haber completado las cotizaciones.

Adultos mayores siguen activos
En Nicaragua las personas con edades comprendidas entre los 65 y 74 años aún trabajan y su tasa de actividad es del 52.3 por ciento, mientras que los que tienen 75 años a más su tasa de actividad es del 25.4 por ciento, según los resultados de la Encuesta de Hogares para medir la pobreza, realizada por la Fundación Internacional para el Desafío Económico Global (Fideg) 2015.

Según el análisis del Fideg, el hecho de que las personas dentro de los grupos etarios mencionados aún estén activas se relaciona, “posiblemente” con dos razones: no cotizaron a la seguridad social y por ende no cuentan con una pensión de jubilación y, la segunda razón es que las pensiones otorgadas al finalizar su vida laboral no cubren las necesidades elementales.

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Este dato no difiere mucho de los resultados obtenidos por la misma encuesta pero realizada en 2013. En esa ocasión se señalaba que la tasa de actividad del grupo de personas en edades comprendidas entre 65 y 74 años representaba el 53 por ciento, mientras que los de 75 años es del 28.4 por ciento. Las razones son las mismas descritas en 2015.

La señora de 79 años que vende ropa y chinelas
Sobre una acera en la avenida José Dolores Estrada o Calle del Comercio en Matagalpa, Julia Hortensia Calero Sánchez, de 79 años, permanece casi 12 horas diarias vendiendo ropa y chinelas. Gloria Reyes Canales, de 72 años, está con ella ayudándole.

“Aburrida me tienen mis hijos, pidiéndome que no trabaje”, señala Calero, quien permanece toda la semana en Matagalpa y viaja cada sábado a Managua, donde viven los seis hijos que tuvo con Antonio Pilarte Cerda, fallecido hace siete años, tres meses antes de que la pareja cumpliera cincuenta años de matrimonio.

Reyes, por su parte, es chinandegana, pero vive en Matagalpa desde hace treinta años y aquí reside también su única hija.

Calero y Reyes dicen que ninguna cotizó nunca al INSS, aunque la primera dice recibir una pensión por viudez apenas superior a dos mil córdobas.

“Me gusta andar mi plata y no vivir atenida a que me den”, dice Calero, aunque reconoce que sus hijos y nietos siempre la apoyan. “Me gusta trabajar y Dios me da la fortaleza”, asegura.

 

Fuente: https://www.laprensa.com.ni/2017/11/20/nacionales/2333668-la-historia-los-adultos-mayores-tienen-trabajar-sobrevivir-nicaragua

 

Tags: sociedad