Cuando hablamos de trastornos alimenticios, lo normal es relacionarlos con los adolescentes, especialmentes las mujeres jóvenes. Sin embargo, su incidencia está aumentando considerablemente entre los adultos, incluidos los mayores de 60 años, sin importar el género o el estatus social. Para aquellos que todavía no dominen el asunto, esta condición se caracteriza por una mala alimentación asociada a la preocupación excesiva por el peso y el aspecto físico.

Un problema sumamente grave que pone en serio peligro la salud de aquellos que lo padecen, sobre todo en la tercera edad, pues este sector de la población es mucho más sensible a los cambios que su cuerpo experimenta y más cuando son tan drásticos como este.

A los síntomas que normalmente acompañan a los trastornos alimenticios se suma el desconocimiento general que se tiene sobre ellos más allá de los 50. Y es que en la mayoría de ocasiones, los familiares relacionan esta transformación al envejecimiento, en vez de a un trastorno mental. Además, es importante tener en cuenta que muchos de los adultos mayores que padecen este problema ya lo han sufrido en la adolescencia, aumentando las probabilidades de una recaída.

La bulimia y la hiporexia, los trastornos más comunes

Como bien es sabido, la bulimia es un trastorno alimenticio y psicológico por el cual una persona ingiere una gran cantidad de comida, perdiendo incluso el control de la misma, para después evitar el aumento de peso a través del uso de laxantes o la provocación del vómito. Actos que buscan también un castigo personal o purga. Este trastorno también puede ir acompañado por los síntomas propios de la anorexia, que supone el miedo irrefrenable a engordar. De hecho, según apuntan diversos expertos, la anorexia en la tercera edad puede llegar a cronificarse debido a su recurrencia.

Por otro lado, la hiporexia es uno de los trastornos alimenticios más comunes en las personas mayores, especialmente pasados los 80 años. En este caso, se trata de la disminución excesiva del apetito, que puede desembocar en un caso claro de desnutrición, un déficit de nutrientes y, como consecuencia, en múltiples enfermedades. Al parecer, alrededor del 90% de los pacientes con dichas características lo padecen.

Tal y como hemos expuesto anteriormente, la hiporexia suele confundirse con el proceso natural de envejecimiento, pues es normal que algunas personas coman menos a medida que cumplen años, pues sus necesidades físicas disminuyen. De ahí la importancia de vigilar este comportamiento para descartar problemas más graves. Además, en este caso, suele haber detrás motivos emocionales como, por ejemplo, un sentimiento de soledad, una baja autoestima o un estado de salud delicado casi permanente.

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